Basta de jugar a cambiar

“La decisión que cambia todo no es hacer más, es dejar de engañarme.”

Hay momentos en los que una persona se siente atrapada en una especie de pausa disfrazada de vida. Le pasa a muchas personas que parecen tenerlo todo claro: profesionales del ámbito social, educativo, sanitario… personas que han leído, acompañado, reflexionado… o a cualquier persona.

Pero por dentro, algo no encaja. Porque, por más que saben lo que hay que hacer, no terminan de hacerlo consigo mismas. Saben hablar de motivación, hábitos, emociones, metas. Lo enseñan, lo explican, lo aplican… pero no lo viven. Mientras tanto, el tiempo pasa. Y lo hace disfrazado de ocupaciones, excusas, cansancio o responsabilidades.

Esta entrada no es un testimonio, ni una historia concreta. Es el retrato de un momento que viven muchas personas cuando algo dentro hace clic.

Jugando a cambiar sin cambiar del todo.

Si alguna vez te has sentido así, esto también puede ser para ti.

No como reproche, sino como llamada. Una invitación a dejar no hacer… y empezar a tomarte en serio.

Durante mucho tiempo supe lo que tenía que hacer. Tenía las herramientas, el conocimiento, la intención. Sabía de hábitos, de metas, de emociones, de creencias. Lo explicaba, lo enseñaba, lo aplicaba… a los demás. Pero algo dentro de mí seguía postergando el cambio. Jugaba a transformarme, pero sin transformarme del todo.

Y un día, simplemente me vi. Me vi atrapado en excusas que ya no me creía. Me vi repitiendo discursos que ya no me creía. Y me escuché diciéndome algo que lo cambió todo: “Empieza a respetarte y Tomarte en serio.”

El primer paso no fue planificar. Fue elegir, elegir valentía.

El coraje no se planifica, se decide y pone en acción.

Decidir que esta vez iba en serio, que ya no valía seguir dudando. Que no iba a vivir a medias. Ni como profesional, ni como pareja, ni como padre, ni como amigo, ni como ser humano. Esa decisión fue sencilla en palabras, pero radical en su profundidad. No tenía que hacerlo perfecto, tenía que hacerlo presente para dar un primer paso. Mi hoja de ruta no empezó en la agenda, empezó en mi identidad y, me pregunté:

¿Quién quiero ser, de verdad, en cada uno de mis roles?

Y de ahí partió todo: salí de mi estado de víctima quejosa, visualicé la identidad a la que quiero llegar. Definí una meta concreta, dividida por etapas. Decidí disfrutar del proceso, no solo del resultado. Y, sobre todo, me enfrenté a las resistencias reales, yo mismo y mis creencias. Difícil sí, pero no imposible. No las adorné, no las negué. Las miré de frente.

Las verdaderas barreras no están fuera. Están dentro y hay que nombrarlas para desactivarlas.

La procrastinación que disfrazaba de “ya lo haré con calma”, la falta de disciplina que escondía bajo el cansancio. El miedo que no decía su nombre, pero me hablaba cada noche. El pasado que usaba como excusa, como escudo. Una mentalidad de víctima que decía: “esto no es justo”.

La procrastinación es un enemigo de sueños.

No me lo permito más, no me pongo más trampas. Si de verdad quiero transformar mi vida, tengo que dejar de hacerme trampas. Tengo que dejar de negociar con la parte de mí que quiere comodidad. Tengo que dejar de dramatizar lo que, en el fondo, solo necesita acción, porque no hay transformación real sin decisión radical.

Basta de trampas, basta de falsas negociaciones internas con tu víctima.

Sigo teniendo miedo, pero ya no me paraliza. He vivido cosas difíciles, como tú. He sentido pérdidas, como tú. He dudado de mí, como tú, pero ya no tengo miedo. No del cambio. No de vivir plenamente, no de tomar decisiones complicadas si eso significa dejar de vivir una vida pequeña llena de adulaciones y reconocimiento vacío.

No se trata de no tener miedo, se trata de no vivir desde él.

Hoy decido vivir con presencia, sin titubeos. Hoy dejo de sobrevivirme… y empiezo a vivirme.

Si esto te resuena, si tú también estás jugando a cambiar, pero aún no has dado el paso… esta es tu señal. Tómatelo en serio. No para hacerlo perfecto, sino para dejar de hacerlo a medias. Sal de la víctima. Tómate en serio.

Si estás leyendo esto, y te sientes identificado, no lo dejes pasar:

Es tu momento. No para hacerlo perfecto, sino para empezar de verdad.

Gracias a tod@s

REFLACCIONEN

FRANCISCO FIGUEROA

sumas gral

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