Profesionales Conscientes en Acción.

El Poder del Buen Trato: Del profesional artificial a la aplicación bien tratante.

En un mundo que empieza a contar cada vez más con inteligencia artificial, necesitamos recordar algo esencial en nuestra práctica: el buen trato, no solo con los usuarios, sino también entre nosotros. Los profesionales conscientes no son máquinas ni autómatas de frases vacías; son seres humanos que acompañan, apoyan y valoran a cada persona que encuentran en su camino.

Trata como te gustaría que te trataran, habla como quieres que te hablen y sé consciente del impacto que tiene tu trato en los demás. En este mundo donde está apareciendo la inteligencia artificial, existen muchos profesionales que se parecen en el apoyo artificial, caracterizado por el juzgar o pasar la mano por encima del hombro, sin mentalizar y trabajarse interiormente en sus creencias y acciones. A estos profesionales se les puede denominar profesionales artificiales y, tristemente, estamos rodeados de ellos. No obstante, reconocernos y trabajarnos en el cambio es un primer paso para mejorar y acercarnos al buen trato que tanto promulgamos para con las personas que atendemos y que, a veces, olvidamos entre compañeros.

En nuestro entorno y, sobre todo, en la práctica del trabajo con personas, el buen trato no es solo una opción, sino una necesidad fundamental. La autenticidad y el respeto profundo por el otro son esenciales para promover el cambio, la confianza y el bienestar. A continuación, exploraremos varios aspectos críticos de esta práctica, recordando que lo que ofrecemos en cada interacción puede marcar la diferencia en la vida de una persona.

Un profesional consciente es aquel que considera el contexto emocional y personal de la otra persona. En muchas ocasiones, las personas usuarias de nuestros servicios y nuestros compañeros atraviesan situaciones de duelo, de pérdidas significativas o de cambios difíciles. En lugar de minimizar sus sentimientos o pasar por alto estos procesos, debemos validar sus emociones, ofreciendo un espacio seguro donde se sientan escuchados y comprendidos.

Es fundamental no proyectar nuestras propias expectativas o juicios sobre su situación. El duelo y la dificultad emocional no tienen un “tiempo adecuado” o una fórmula preestablecida. La clave está en acompañar, no en imponer ritmos o soluciones. Estar presentes, ofreciendo apoyo o silencio, abandonando la crítica personal que no es más que una proyección de nuestras emociones y pensamientos hacia nosotros mismos.

Es fácil, y a veces automático, que los profesionales evalúen la situación de las personas con base en su propio conocimiento y experiencia. Sin embargo, cuando el juicio va más allá de una observación profesional y se convierte en una postura, dejamos de ver al otro y comenzamos a verlo como una lista de “deficiencias” o “problemas” a resolver. Por ello, el juicio se convierte en un obstáculo.

Es vital recordar que nuestra labor es apoyar, no criticar. Juzgar de manera rígida y apresurada a las personas, especialmente a aquellas que están comenzando su proceso de cambio, solo genera distancia y resistencia. En lugar de enfocarnos en sus limitaciones, debemos fomentar una mirada apreciativa que destaque sus fortalezas y avances.

No solo hablamos de juicios, también nos encontramos con personas que, por miedo, falta de conocimiento, dificultades relacionales o sin consciencia de gestión emocional, dan recetas y palabras sin contenido al otro como supuesta forma de ayuda. El “no pasa nada, tranquilo, es simplemente una llamada de atención” o “no te preocupes, muchacho” son algunas de las perlas que suelen transmitir los profesionales artificiales. Y ¿sabes el impacto que tiene esto en el otro? ¿Sabes cómo te estás invalidando como profesional o como persona? ¿Sabes que este es el comienzo de tu falta de referencia? Claro, luego viene el juicio, la crítica, la frustración, y volvemos al bucle. Mostremos consciencia y preparémonos para atender al otro de manera auténtica, comenzando por autoconocernos.

El buen trato implica centrarse en el potencial y los logros de la otra persona. Ser apreciativo significa reconocer los avances, valorar cada esfuerzo y brindar palabras de ánimo y hacer crítica constructiva, concreta y solo cuando se solicita. Este enfoque de humanidad y respeto fortalece la autoestima del otro y abre el camino hacia un proceso de cambio más significativo.

Muchos de nosotros hemos caído en la trampa de ver solo lo que falta por lograr, en lugar de apreciar los pasos que ya se han dado. Sin embargo, la mirada apreciativa nos recuerda que cada avance, por pequeño que sea, es un logro. Esta perspectiva no solo ayuda a los demás a ver su propio progreso, sino que también nos convierte en mejores profesionales y seres humanos. Practícala día a día con pequeñas acciones conscientes y comienza a hacerlo contigo mismo; verás cómo vas desarrollando un cambio de actitud, cómo mejoran tus relaciones y, por tanto, tus resultados.

Las relaciones de ayuda no deben ser un terreno de confrontación o discordia, sino un espacio para construir puentes. Cuando nos centramos en crear acuerdos en lugar de conflictos, contribuimos a un ambiente de respeto y confianza mutua. Esto se traduce en una dinámica de colaboración donde las personas se sienten valoradas y comprometidas con el proceso. Salgamos de nuestras historias mentales que queremos refutar y pongámonos en modo empático y asertivo para crear lazos y conversaciones significativas.

Buscar puntos en común y desarrollar un lenguaje de consenso fortalece el vínculo y facilita la comprensión. Esto no significa ignorar los problemas o desafíos, sino abordarlos desde un enfoque de respeto y entendimiento mutuo.

Cada persona, ya sea un colega o una persona usuaria del servicio, aporta su propio valor y esfuerzo. En un equipo, es fundamental valorar y reconocer el trabajo de los demás para crear un entorno de apoyo y respeto. Del mismo modo, reconocer los esfuerzos de las familias, de otros profesionales y de las personas atendidas fortalece su compromiso y les ayuda a sentirse respetados en el proceso.

Es importante recordar que todos estamos en un proceso de aprendizaje. Valorar el trabajo y el esfuerzo del otro es una forma de construir una cultura de apoyo y reconocimiento. El otro también tiene emociones; puedes o no estar de acuerdo con su postura o tener hipótesis que sean diferentes, pero esto no es una causa para imponer tu postura de superioridad ni para dar lecciones de vida o respuestas superficiales que dañen la autoestima del otro.

Ejemplo de Buen Trato en el Programa de Acogimiento Familiar

Como ejemplo y reflexionando sobre el programa de acogimiento familiar, nos encontramos con una realidad dura: hay muchos menores que necesitan protección y pocas familias dispuestas a acogerlos. Esto subraya la importancia de tratar a cada familia que muestra interés con el mayor respeto y gratitud.

Recordemos que en el programa de acogimiento familiar el objetivo no es solo “captar” familias, sino crear un espacio de respeto y apoyo desde el primer momento. Las familias que se acercan tienen una motivación valiosa, y es nuestra responsabilidad nutrir y proteger esa motivación en lugar de someterla a juicios o cuestionamientos que solo generan inseguridad y rechazo. La primera entrevista no es el momento de ser duros, críticos o rígidos; es el momento de sembrar una relación de confianza. También es el momento de abundancia, de conocer qué sí pueden hacer y cuáles son sus fortalezas, más que de hacer reflexionar a la familia juzgando su propósito y atacando a sus valores. ¡Sí, a veces pasa, aunque nos llevemos las manos a la cabeza!. Recordemos, lo que falta son familias acogedoras.

Pero no solo podemos hablar del principio, como si fuera un enfoque de venta del programa; también se debe llevar a cabo durante todo el proceso y, sobre todo, ser muy respetuosos en el duelo. “Tómate un vino con la familia para llegar a un acuerdo o reflexiona mirando al mar sobre tu motivación y tira unas piedras” son ejemplos de profesionales artificiales.

Todos los implicados en el desarrollo del acogimiento debemos ser conscientes de para qué estamos en este viaje. La discusión, la falta de consenso, el juicio basado en creencias o la falta de respeto hacia el otro no pueden tener cabida en la maleta. Por el contrario, debemos hacer un gran esfuerzo en plantearnos objetivos comunes, mejorar nuestra comunicación y desarrollar nuestro autoconocimiento. Participar en este programa, de la manera que sea, no solo es ayudar a niños vulnerables, también es un proceso de desarrollo personal y social. Seamos un ejemplo en la sociedad, seamos el ejemplo que queremos ver en el mundo, como bien dijo Gandhi.

Tres Perfiles de Profesionales en el Ámbito Social

Para ilustrar esta idea, consideremos tres perfiles de profesionales en el ámbito social y reflexionemos sobre dónde queremos estar:

  • Apoyo Artificial (AA): Este profesional utiliza frases hechas y superficiales que tranquilizan momentáneamente, pero carecen de una base real. La falta de autenticidad en su apoyo puede llevar a que las personas usuarias perciban una desconexión emocional y falta de compromiso.
  • Profesional Artificial (PA): Se enfoca en aplicar conocimientos técnicos de forma rígida, sin adaptarse a la situación individual de cada persona. Tiende a diagnosticar o evaluar basándose únicamente en su especialidad, sin abrirse a una comprensión integral de la persona.
  • Profesional responsable Activo (PRA): Este profesional consciente está presente de manera auténtica, flexible y con una disposición de aprendizaje mutuo. Su enfoque es apoyar al otro, valorar su proceso y crear una relación de confianza basada en el respeto y la apreciación. Aprende día a día y disfruta.

Crear una Mentalidad de Abundancia

Finalmente, desarrollar una mentalidad de abundancia en el ámbito social significa ver las oportunidades, el potencial y las capacidades de las personas, en lugar de centrarse en lo que falta. Cuando adoptamos esta mentalidad, nos enfocamos en todas las posibilidades de crecimiento y cambio, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Conclusión

Ser un profesional consciente en el ámbito social implica un compromiso constante con el buen trato, la empatía y la capacidad de ver al otro como un ser valioso. Esto no solo beneficia a las personas a las que atendemos, sino que también nos ayuda a construir una práctica profesional significativa y humana. Recordemos que, como profesionales, nuestro rol va más allá de diagnosticar o evaluar; estamos aquí para ser un puente, para escuchar y para apoyar de manera auténtica. No nos quedemos solo en el trato a las personas atendidas, sino también en el trato entre profesionales, equipos y compañeros. Apostemos juntos por una Cultura del Buen Trato activo.

«Ser un profesional consciente es mucho más que cumplir con una función; es abrir el corazón y la mente para ver en cada persona el potencial de un cambio positivo, caminar junto a ellos en el proceso, y construir juntos una cultura del buen trato. Cada acción cuenta y cada palabra tiene el poder de transformar.»

No solo reflexiones, practica en el cambio si lo deseas.

Gracias a tod@s

F.F.

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